El aprendizaje automático en la traducción

El aprendizaje automático en la traducción

¡Hola! Hace tiempo hice el pequeño curso de Google Actívate sobre el aprendizaje automático (machine learning) y he pensado en enfocarlo desde el punto de vista de la traducción en este artículo, porque seguramente el término ‘aprendizaje automático’ te haga pensar en la traducción automática, pero en realidad también puedo aprovechar y comentaros qué es la traducción asistida por ordenador o los lenguajes de transcripción, otros dos ejemplos de lo que supone el aprendizaje automático en el mundo de la comunicación.

👇 ¿Empezamos?

¿Qué es la traducción automática y qué inconvenientes y ventajas tiene?

La traducción automática es aquella que realiza un programa específico para ello.

Todos tenemos en mente las típicas imágenes que dan a entender que para traducir tan solo necesitamos presionar un botón y todos conocemos el traductor de Google y los infinitos ejemplos de errores que se publican constantemente en las redes sociales. Sin embargo, no es el único traductor automático y no todos son gratuitos.

Si decides usar un traductor automático gratuito, piensa antes qué datos estás introduciendo, ya que esa información se almacenará y se utilizará para futuras traducciones.

En cuanto a las versiones de pago, de nada sirven si no se utilizan correctamente —más a delante te lo explico— y sin un profesional que revise esas traducciones o que lo haga de cualquier forma. La posedición es la revisión de una traducción automática y, básicamente y de manera resumida, se caracteriza por incorporar los mínimos cambios posibles para poder retroalimentar el programa, así que poco tiene que ver con otro tipo de revisión o corrección.

¿Significa esto que desaconsejo totalmente la traducción automática? No. Como siempre, depende del contexto.

La traducción automática es muy rápida y permite entender a grandes rasgos la idea general de un texto, pero muy pocas veces es un sinónimo de calidad. Ahora bien, utilizar un traductor automático no tiene que suponer una merma en la calidad del producto final siempre y cuando se utilice un lenguaje controlado y se acote el ámbito de especialidad, aunque este no suele ser el caso.

En algunos contextos en los que predomina la literalidad, como es el contexto de las patentes, la traducción automática puede resultar bastante útil para la fase de documentación, es decir, cuando la finalidad de la traducción es averiguar el objeto o saber de qué trata una patente o a qué tecnología se refiere.

Por lo demás, la traducción automática puede utilizarse para mensajes sencillos, cuando la finalidad principal sea comprender estos mensajes y siempre de manera interna como puede ser el caso de la comunicación electrónica (correos) entre los departamentos de una empresa internacional, pero nunca si estos forman parte de la documentación de un caso en el ámbito jurídico.

El contexto del encargo y la finalidad son determinantes para (no) recomendar la traducción automática o la posedición.

¿Qué es la traducción asistida por ordenador y qué inconvenientes y ventajas tiene?

La traducción asistida por ordenador es aquella que escribe una persona usando sugerencias de traducciones propias anteriores.

No es útil en todos los contextos, como suele suceder en el ámbito literario, y no es algo que puedas hacer si no te dedicas profesionalmente a la traducción, por el elevado precio de algunos de los programas y porque, aunque utilices uno gratuito, el proceso de aprendizaje que supone usarlo de manera correcta, organizada y útil puede resultar bastante complejo.

La principal ventaja es que no se trata de una traducción automática porque quien traduce es la persona. El ordenador, o mejor dicho el programa, simplemente se limita a asistir, sobre todo, a ayudar a mantener la coherencia, no solo terminológica y del sector, sino del estilo del propio cliente.

Para mí la traducción asistida por ordenador es un sinónimo de eficiencia en traducción.

¿Qué son los lenguajes de transcripción y qué inconvenientes y ventajas tienen?

En este artículo sobre los lenguajes de marcado te preguntaba si conocías alguno que traspasase el discurso escrito. Pues esta es mi respuesta: los lenguajes de transcripción.

Cascos de auriculares y micrófono junto a un ordenador.

Los lenguajes de transcripción se componen de indicaciones que damos con la voz cuando usamos ciertos programas para transcribir, es decir, para redactar un mensaje originalmente oral.

Un ejemplo que todos tenemos a mano es el dictado por voz del móvil, pero también existen diversos programas desarrollados para profesionales de la comunicación. Algunos, también gratuitos como sucede en los dos casos anteriores y, como sucede en la traducción automática, debemos ser conscientes de que nuestra información puede ser utilizada para mejorar la inteligencia artificial que utiliza para reconocer las palabras.

Todos tenemos una manera particular de entonar y pronunciar, es decir, un idiolecto, por lo que estas herramientas utilizan el aprendizaje automático para aprender tu manera de dictar.

Esto significa que, aunque hayas pagado por un programa que te permite utilizar un lenguaje de transcripción, tienes que entrenarlo para que se adapte a ti. Esto requiere de tiempo, paciencia y unas habilidades que pueden recordar a la interpretación en algunos casos.

La ventaja ya te la puedes imaginar: somos más rápidos hablando que escribiendo, por lo que usar estos programas y entrenarlos para que se adapten a nosotros puede ser realmente útil tanto para transcribir como para crear contenido escrito sin tener que teclear.

Lo curioso es que muchos de estos programas no solo reconocen las etiquetas o marcas que repercuten directamente en el formato del texto (cursiva, negritas, símbolos), sino que puedes configurar «atajos» para casos como nombres propios o estructuras que se repiten, por poner dos ejemplos.

Algunos contextos requieren de mucha inmediatez y los lenguajes de transcripción pueden ser (parte de) la solución. Gracias a ellos hoy en día podemos hablar del subtitulado por rehablado o en directo, para el que se requieren conocimientos de subtitulado, de lenguajes de transcripción y habilidades similares a la interpretación simultánea.

Personalmente no utilizo ningún programa para transcribir, pero disfruté a lo grande un taller de subtitulado por rehablado impartido por Pablo Romero Fresco, fue una experiencia única y no me cabe duda de que estos programas supondrán una ventaja para muchos contextos.

Ahora bien, me preocupa comprobar que para poder perfeccionar los programas que usan el aprendizaje automático se utilicen bases de datos (no solo texto, también grabaciones) que quedan en manos de empresas privadas, del software privativo y del posible mercado de datos que hoy en día existe y que apenas está regulado, pero ese es otro tema.

Y tú, ¿en qué más piensas cuando piensas en el aprendizaje automático? ⌨ Déjamelo en los comentarios.

¡Nos leemos!

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